viernes, 23 de septiembre de 2011


Mi nombre es Tom. Quiero decir, mi nombre era Tom. Porque en realidad ya no estoy con vosotros, aunque sí lo está mi alma, despojada en vida de mi cuerpo ya hace mucho, mucho tiempo. Soy el guardián; el guardián de aquello que un día no respeté, y por lo que ahora debo pagar.
 
Quizás el precio ha sido demasiado caro, pero ni en lo más remoto de mis sueños, aun cuando vivía, allá por el año 1910 había soñado con algo así, y a la vez tan cruel e inhumano,; servir a los Reyes. A los mayores Reyes que han reinado y reinarán por siempre en la Tierra. Los más grandes y poderosos. Así es. Mi cuerpo murió hace mucho tiempo, muchos me lloraron, Otros sabían que era el precio que tenía que pagar por lo que había hecho. Módico precio, podréis pensar, pues la muerte no es más que el final obligatorio de nuestra vida terrenal. Pero no es así como ocurrió, para mí tenían algo preparado, el peor de los castigos; la muerte en vida. Guardo sus lechos de muerte, viéndome obligado a vagar por desiertos infinitos de un lugar a otro, recordando a muchos como yo, las advertencias, que ellos, tras leer fascinados en la piedra, desprecian, tomándolas por absurdas supersticiones de los antiguos, lo que no saben son las consecuencias que esto tendrá sobre ellos en el futuro, ilusos desgraciados. Entonces llego yo, guardián de las puertas de los reyes, dueño de su sueño, y de su descanso eterno. Siervo de los siervos, y muy a mi pesar, verdugo. Verdugo de aquellos que anhelan encontrar lo que nadie encontró, lo que ellos no sabían era la maldicin que se esconde tras este desierto. Para ellos, al igual que para los miserables saqueadores de tesoros, recalcitrantes al descanso, a distinción de los reyes; la muerte. La muerte es su final, y a muchos me he llevado por delante. Muchos más serán, vagaré por el desierto buscándolos incluso cuando el agua inunde la refugio de mis Reyes, cuando el hombre haya desaparecido de la faz de la tierra, cuando los hombres se hayan matado entre ellos... entonces yo estaré aquí, solo, y todo por detener el descanso a uno de los más grandes, el más oscuro... a Mi Rey Tutmosis I.


Dialogo:

Sujeto 1: estoy leyendo un libro muy interesante, va sobre la maldición de un arqueólogo

Sujeto 2: otro libro fantástico, cómo los odio, prefiero leer cosas de las que pueda aprender, no eso.

Sujeto 1: te equivocas, este libro está basado en una vieja carta encontrada en un yacimiento arqueológico en el que supuestamente nadie entró antes, pero la carta está escrita en inglés, y se hace referencia a 1910, ¿no te parece un poco raro? 

Sujeto 2: me dejas atónito, parece interesante.



Descripción:

Un joven arqueólogo llamado Tom, de principios del siglo XX, como cualquier otro arqueólogo estaba obcecado en encontrar el mayor yacimiento arqueológico de la historia. Lo que sería su perdición, ya que quedó maldito al encontrar la tumba de Tutmosis I, desde entonces carga con esta maldición que deberá portar hasta el fin de los tiempos.


jueves, 22 de septiembre de 2011

Matutinamente habitual-Redacción de Lengua y literatura


Narración
Solo pude mirar hacia atrás, con esa frase acabó mi sueño. Eran las seis y media cuando mi sueño pereció, solo faltaban quince minutos para el fatídico momento, momento en el que empezaba el día. El reloj tictagueaba como un tambor retumbando en mi cabeza. Decidido, me levanté pensando que aquel día no iba a ser como los demás, me puse mi atuendo colegial, introduje los libros en la mochila y salí de la habitación.

Me dirigí al aseo a hacer mi ritual matutino. Cogí el cepillo de dientes y lo pasé vigorosamente sobre mis dientes, me lavé la cara y salí directo a la habitación de mis hermanos.

La situación aquella semana había cambiado, mi padre fue trasladado a Valencia, y yo, mi madre y mis hermanos de momento nos quedábamos hasta que el trabajo de mi padre fuese seguro.

Como cada mañana de aquella fatua semana me dirigí a la habitación de mis hermanos, aquello era surrealista, yo un niño de catorce años, despertando y vistiendo a mis hermanos para llevarlos a la escuela, mientras mi madre preparaba un tierno y ligero emparedado para cada uno. Aquello no nos gustaba a ninguno de nosotros pero teníamos que aguantar, si caía uno caíamos todos.

Cuando el reloj rozaba las ocho menos veinte, el grito de mi madre sonaba cual trompeta en un desfile militar, ya era habitual, la bronca de mi madre caía como gotas de lluvia sobre un chubasquero, y el chubasquero era yo.

Siempre era lo mismo: “Siempre tarde, porque nunca salimos a la hora prevista” decía mi madre enfurecida.

Eran las ocho y tres minutos cuando llegué al colegio, tres minutos más tarde que la hora de entrada, agobiado, salí escopetado del coche con el fin de que el profesor no me castigara.

Aquella mañana llovía y llegué empapado a clase, para colmo el profesor me echó la bronca. Impasible, le miraba mientras descargaba sobre mí toda su furia acumulada, ya era habitual.

Todos los días era lo mismo, las clases pasaban y yo seguía igual, apartado del resto, pensando que al llegar a casa no tendría ni un minuto de descanso, que tendría que encargarme de mis hermanos, mientras que mis amigos se iban al cine como era habitual.

Dialogo:
-Sujeto 1: Joder tío, estoy quemado, en mi casa tengo que cargar con muchas responsabilidades, y quieras que no al final acabas agotado...
Sujeto 2: Te entiendo, yo no se si aguantaria algo así, no se no me imagino en esa situación.
Sujeto 1: Lo que más me fastidia es que, hay muchas veces que no puedo salir con vosotros porque me tengo que quedar en casa.
Sujeto 2: Estás jodido.

Descripción:
Un niño de catorce años tiene que cargar con muchas responsabilidades dentro de su casa, porque su padre ha tenido que marcharse a trabajar fuera, se siente angustiado y cansado de esta situación pero los que estan a su alrededor no se dan cuenta de ello, porque es como si se protejiese con una coraza y no expresa sus sentimientos.

Ya se que el diálogo es un poco pobre, pero como en el texto sólo interviene un personaje me he tenido que inventar otra situación. P.D. No soy yo