Narración
Solo pude mirar hacia atrás, con esa frase acabó mi sueño. Eran las seis y media cuando mi sueño pereció, solo faltaban quince minutos para el fatídico momento, momento en el que empezaba el día. El reloj tictagueaba como un tambor retumbando en mi cabeza. Decidido, me levanté pensando que aquel día no iba a ser como los demás, me puse mi atuendo colegial, introduje los libros en la mochila y salí de la habitación.
Me dirigí al aseo a hacer mi ritual matutino. Cogí el cepillo de dientes y lo pasé vigorosamente sobre mis dientes, me lavé la cara y salí directo a la habitación de mis hermanos.
La situación aquella semana había cambiado, mi padre fue trasladado a Valencia, y yo, mi madre y mis hermanos de momento nos quedábamos hasta que el trabajo de mi padre fuese seguro.
Como cada mañana de aquella fatua semana me dirigí a la habitación de mis hermanos, aquello era surrealista, yo un niño de catorce años, despertando y vistiendo a mis hermanos para llevarlos a la escuela, mientras mi madre preparaba un tierno y ligero emparedado para cada uno. Aquello no nos gustaba a ninguno de nosotros pero teníamos que aguantar, si caía uno caíamos todos.
Cuando el reloj rozaba las ocho menos veinte, el grito de mi madre sonaba cual trompeta en un desfile militar, ya era habitual, la bronca de mi madre caía como gotas de lluvia sobre un chubasquero, y el chubasquero era yo.
Siempre era lo mismo: “Siempre tarde, porque nunca salimos a la hora prevista” decía mi madre enfurecida.
Eran las ocho y tres minutos cuando llegué al colegio, tres minutos más tarde que la hora de entrada, agobiado, salí escopetado del coche con el fin de que el profesor no me castigara.
Aquella mañana llovía y llegué empapado a clase, para colmo el profesor me echó la bronca. Impasible, le miraba mientras descargaba sobre mí toda su furia acumulada, ya era habitual.
Todos los días era lo mismo, las clases pasaban y yo seguía igual, apartado del resto, pensando que al llegar a casa no tendría ni un minuto de descanso, que tendría que encargarme de mis hermanos, mientras que mis amigos se iban al cine como era habitual.
Dialogo:
-Sujeto 1: Joder tío, estoy quemado, en mi casa tengo que cargar con muchas responsabilidades, y quieras que no al final acabas agotado...
Sujeto 2: Te entiendo, yo no se si aguantaria algo así, no se no me imagino en esa situación.
Sujeto 1: Lo que más me fastidia es que, hay muchas veces que no puedo salir con vosotros porque me tengo que quedar en casa.
Sujeto 2: Estás jodido.
Descripción:
Un niño de catorce años tiene que cargar con muchas responsabilidades dentro de su casa, porque su padre ha tenido que marcharse a trabajar fuera, se siente angustiado y cansado de esta situación pero los que estan a su alrededor no se dan cuenta de ello, porque es como si se protejiese con una coraza y no expresa sus sentimientos.
Ya se que el diálogo es un poco pobre, pero como en el texto sólo interviene un personaje me he tenido que inventar otra situación. P.D. No soy yo
¿por qué me suena tanto este relato?
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